La Biomasa es la abreviatura de masa biológica, y es una fuente de energía renovable, que se compone de la materia viva producida por plantas y animales. La energía que se encuentra integrada en la biomasa es la derivada del sol, la cual a través de los cloroplastos (pequeñas “factorías” presentes en las plantas) que usan la misma (en forma de energía luminosa, o fotones), el CO2 presente en el aire, y el agua del suelo para fabricar carbohidratos (azúcar, celulosa, etc.).
De esta manera la energía original proveniente del sol, se almacena ahora en todos estos componentes y en parte se traspasa a los animales en la cadena alimenticia. Así quedan configurados un tipo de almacenes de energía solar en los restos de las plantas y los excrementos de los animales.
La transformación de la biomasa puede dar origen a distintas energías:
Energía térmica. Agua o aire caliente, vapor. Es la aplicación más extendida de la biomasa natural y residual. Los sistemas de combustión directa se pueden utilizar directamente para cocinar alimentos, para calefacción o secado. Además, es posible aprovechar el vapor que se desprende para producir electricidad o para procesos industriales.
Energía eléctrica. Se obtiene, sobre todo, a partir de la transformación de biomasa procedente de cultivos energéticos, de la biomasa forestal primaria y de los residuos de las industrias. En determinados procesos, el biogás resultante de la fermentación de la biomasa también se puede utilizar para la producción de electricidad. La tecnología a utilizar para conseguir energía eléctrica depende del tipo y cantidad de biomasa.

